sábado, 28 de diciembre de 2019

Nuestra tierra, anzuelo de viejos dioses


Caía la noche cálida y húmeda. Lejos de la cuidad, un arrullo de cielo abierto y estrellado penetraba la oscuridad del establo alumbrado por algunas linternas y veladoras, intensificando los ritmos  de esta Isla habitada por antiguos dioses que cantan. 
 Cuentan que, una vez cada tanto, al completarse algún ciclo, estos dioses descienden para exceder las órbitas de los ritmos humanamente conocidos, deslizándose entre plantas, elementos y animales, abriendo musicales círculos , suaves pero intensos capaz de desenvolver los  contornos  sensibles de los cuerpos hasta alcanzar lo ilimitado de ser de la noche que danza. Quedando sumergida toda realidad hacia lo abierto de una hendidura sin tiempo; inquietante e inmóvil a la vez; aparición  sin tiempo que hace de nuestra historia un paraje, una isla que cae en un arrullador olvido del que despiertan imposibles mitos: 
Antes del principio todo es oscuridad. La tierra abriendo las puertas al paso de sueños mudos, imposibles laberintos entre mundos, desdibuja las certezas y devuelve a la piel su propiedad de amante flujo. Embriagadora contemplación,  embriagadora voluntad de un impulso que danza. Inmanencia de la voluptuosidad, movimiento sin objeto,  corporeidad rasgada en esa excesiva danza de deseo. Cómo seguir los pasos de esa excesiva violencia dionisíaca, amante de todas las formas imposibles. Cómo no querer su  eterno nacimiento. Cómo no querer besar al olvido y acordar de todo, con todo a un tiempo, en un instante de labios suspendidos, la vida toda excesiva, amorosa. 
Oscuridad eterna de la que brotan sueños. 
Y, de entre visiones de ensueño, la danza de ser tierra, una vida imaginada despertando el sentido de una voluntad arrasadora, un rotundo sí a esta vida toda, a esta existencia que es también azar. 
Más que humana, emanación pura, pensamiento intensivo. 
Imaginar imposible  abriendo la palabra de una oscuridad eterna; de noche que encara afirmando el anzuelo de deseo imposible, de entrañable contradicción, de terrible ausencia de pregunta implacable. 
Pero, más que sólo eso,  volviendo a despertar prendida de ser tierra entrelazando la existencia a lo desconocido. 













 La existencia volvía entrelazada a lo desconocido; cuerpo permeado por movimientos apenas aprehensibles, sin referentes ni palabras. ¿Cómo no olvidar?  Eternidad envuelta por el recuento tan sólo anecdótico. Se imponen los ritmos de una percepción cotidiana, a la medida de los tiempos que corren. .



 En el libro El Sueño Creador, María Zambrano, nos dice: Los seres humanos nos encontramos en esta peculiar situación: nos es dado un cuerpo, un mundo, un espacio y un tiempo,  es decir, la posibilidad de ser; al par, nos es dado imaginar la propia vida, apropiarla, tomarla o no. El tiempo es así un medio, una abertura que ira moldeando al ser que somos, pero por la cual también se abre camino a toda libertad posible[1]. Se vuelve posible experimentar distintas versiones de lo primeramente dado.
  La libertad emerge, se revela, se pierde,  vuelve a abrir y se construye entre desafíos que nos muestran la posibilidad de no sólo dejarnos llevar confiados en la espontaneidad de lo dado, de lo dado como pasado y como realidad, al punto casi de confundirlos, incapaces de concebir otras realidades. En ese sentido existe un modo de existencia fijo del pasado, “pasado que insiste, que no termina de pasar, es decir, de perecer”[2].
Hacer parte de la construcción del tiempo propio, afirmando el tiempo, también, si se trata de un mal tiempo, pues, pueden emerger fuerzas inconmensurables, abismales, sin sentido; o historias discursivas huecas y sin fuerza. Estas formas de darse una existencia llevan en sí sus posibles trampas, como la de quedar sometido por el sentido de alguna fuerza como puede ser la apatía. Así, cuando emerge el sentimiento de algún presagio, tendido como argumento sin sujeto, como historia ya dada, como trampa que la vigilia se impone sin mayor cuestión, entonces la vigilia no parecerá distinta de la forma del sueño dominado por los imaginarios y los discursos reinantes.   Historias que también nos habitan, también nos corporizan. Más, es por lo inconmensurable de las fuerzas que nos habitan, por lo imposible de ser enunciado, encasillado, figurado, del ser de lo sensible, del acontecimiento, que las historias no son conclusivas, finales, acabadas. A menos que hipotequemos el devenir de nuestras fuerzas. Se trata de distintas perspectivas y formas de darse una existencia. De no volverse insensible a los tiempos que corren. Más, no perdernos entre historias que nos cuentan, al tiempo que consumen nuestra vida. Pero tampoco de carecer de argumento, de sentido propio. Fuerzas de las que es posible beber al corporizar su sentido, y, exceder lo humano de su sentido, volver a encontrar los caminos de producción de los cuerpos, de lo que pasa, de lo que emerge entre seres sintientes cuando quieren también lo imposible, excediendo incluso, los sentido de finalidad.
Abrir la diferencia en sí, la diferencia en uno, lo que necesariamente implicaría ver, dar cuenta de otras formas de querer, de sentir, de amar. Dar cuenta de la diferencia en uno mismo, es abrir a los sentidos de la tierra, abrir a los sentidos de otros seres sintientes y de una multiplicidad de fuerzas y de dominios, pues son estos encuentros lo que va produciendo esa diferencia al tiempo que somos capaz de afirmarla. Lo que vuelve a plantear, siempre una pregunta, siempre abierta de un sentido ético. Pensamiento ético que no esté separado de la afirmación de los sentidos del cuerpo, del deseo, de experimentar las formas posibles de placer, de dolor, de salud y de enfermedad capaz de cimbrar ésta realidad que vivimos.  



















[1] El Sueño Creador, María Zambrno, ed. Club Internacional del Libro, 1998
[2] Ibidem P.86















sábado, 19 de octubre de 2019

Efectos del Cine "Lo Figural" (Reseña y breve reflexión en torno al cuerpo y lo figural)


            
   “Todo está hecho de espera.  

Fuentes de vida brotan en rincones que se creían estériles

 y explorados. 

La epidermis despliega una ternura luminosa.”[Pag. 86] 

 




En el texto Variaciones de lo Figural El Pensamiento Plástico de Jean Epstein, Stephen Dwoskin y Philippe Grandrieux,  Cloe Masotta Litmaer nos explica cómo “lo figural es un concepto acuñado por Lyotard que ha sido desarrollado, por un lado, como forma de una determinada realización artística como en el caso de las pinturas de Fransis Bacon, y por el otro como herramienta crítica, así, el caso de Lyotard y Deleuze.  En todo caso, lo figural es un concepto que muestra un pensamiento atravesado por el movimiento, un pensamiento que intenta hacer, de la figura una vía por la que el mundo escape, haciendo brotar lo invisible” [1]. Así, nos recuerda La autora del texto: "lo figural muestra el movimiento de disolución, pero también, de alumbramiento de una figura, manifestado en la figura misma. Por ello lo figural pertenece al orden de lo visible siempre desgarrado por lo invisible: la sensación". 

El texto nos invita a pensar, cómo a través del cine se produjeron formas de visibilidad que antes no eran posibles con el teatro, o la literatura; específicamente con el despliegue del juego de cámara y secuencias de montaje capaz de desplegar sentidos múltiples del espacio y del tiempo. 

Deleuze, entre otros pensadores nos explican cómo una de estas formas surgió cuando el cine se apartó del formato teatral y empezó a desplegar un juego muy creativo de imágenes que ya no eran figurativas, sino figurales. "Estas imágenes abren una realidad distinta al espectador, se trata de una posición subjetiva en las que nos coloca, el juego de cámara y del montaje".  



 "El cine encontró la forma de hacer uso de tiempos y espacios ilimitados, irreductibles al registro narrativo. Antes, más bien todo giraba en torno a lo historiable, y en ese sentido en torno a “La Consciencia”. Con el cine se libera el ser de lo sensible; se libera, el sonido de la imagen".  

¿Qué estrategias se ponen en juego cuando una imagen nos sacude, nos cimbra, nos conmueve? ¿Qué técnicas permiten la creación de nuevos efectos? "Así, el uso de lo figural de la imagen hizo posible un registro nuevo de signos, un despliegue de las posibilidades de lo no discursivo. Un lenguaje intensivo, poético que atraviesa nuestro cuerpo espectador". Se hizo posible un modo de enfocar la realidad y de tratar con ella, una apertura que tiene que ver con umbrales de afectación que atraviesan y corporizan a los cuerpos espectadores.  



Podemos pensar lo anterior contrastando distintos modos de ser de nuestra imaginación.  Podemos enfocar los efectos producidos, y, dar cuenta: qué pasa con nuestro espacio y nuestro tiempo cuando dejamos de hacer uso y de sentir nuestra imaginación pasión.   

Así, hay días en los que podemos sentirnos atrapados, el futuro parece estrecharse, el día abrir dentro de una transparencia inmóvil que se cierra sobre sí misma, limitando la producción de perspectivas múltiples. Como si el movimiento se redujera a ser ilusión. Es esa ilusión de movimiento, devoradora del tiempo propio lo que también satura la sensibilidad si ésta no es capaz de abrir, de encontrar, de producir su multiplicidad.


 El vacío, que es ausencia de resistencias y por ello permite que el tiempo pase, cuando es obturado, el pasado parece imponerse, agotar las posibilidades bajo la sombra de una repetición atrapada en círculos. 

Lo anterior es también efecto del lugar que ocupa nuestras historias en días así construidos; historias coextensivas  a la ausencia de interioridad, de pasión, que hace que uno se precipite como siguiendo un guion teatral. Sin tiempo propio que construir, no se requiere ser actor, personaje, persona, basta con precipitarse por un acto de subsistencia. 


¿Cómo recuperar el tiempo propio? ¿Cómo escapar de la ilusión del movimiento? Abrir el propio vacío, es decir seguir los trazos de las propias resistencias y soltarlas para que entre lo discursivo y lo no discursivo, se revelen esas distancias que nada tienen que ver con la carencia, que abren a la heterogeneidad de los ritmos, ritmos permeables, ritmos en guerra, ritmos que confluyen, se condensan, se contraen, se mezclan y se liberan. Abrir una mirada interior, intensiva, capaz de volver fluido y dulce el propio cuerpo, hacer uso del propio tiempo, así, como se construye una escena cinematográfica, o se produce una escena literaria. Construir, imaginar, "capturar" los ritmos intensivos, volver a abrir la duración del tiempo, capaz de dar a luz los flujos vivos de un saber silencioso, que despierten al ser de lo sensible, corporizando sus signos figurales, es decir su movimiento. Pues, en ausencia de movimiento, los sentidos aparecen como acto figurado, sólo figurado. En ausencia de movimiento vivo, el deseo es cooptado por la ansiedad o el exceso de control. Despertar las intensidades, las pasiones y emociones que son efecto “no sólo de estar rodeado, sino además inundado, inmerso” en un paisaje vivo.  





Nota: “Lo figural es concebido como una forma de pensamiento que emerge de un borde, borde que distingue una diferencia constitutiva entre lo visible y lo sensible, pero también entre lo narrativo y lo visible, entre la forma y la figura”[pag. 83]; lo figural es una herramienta que nos permite atravesar umbrales que ponen en variación continua a la sensibilidad y a la imaginación; hasta el umbral en el que, corporizantes se vuelven indiscernibles. Ese umbral, se vuelve visible, también, en la medida en la que mueve lo más profundo del cuerpo y del pensamiento al alcanzar el umbral de lo orgánico.  

El pensamiento figural, la meditación, el ensueño y el acecho del que nos habla Don Juan Matus a través de los relatos de Carlos Castaneda pueden ser una herramienta para desplegar la diferencia del ser de lo sensible como una multiplicidad de fuerzas, emanación, brote invisible en su proceso de devenir figura o movimiento corporizante y de sentido. Lo figural acontece entre el ser de lo sensible y la imaginación, que señala umbrales capaces de dinamizar al cuerpo, al pensamiento o mejor dicho al pensamiento del cuerpo, pensamiento como acontecimiento corporizante. 


“Lo figural nos abre al límite de lo figurativo, al límite de lo que puede ser capturado discursivamente; figuras visuales, táctiles, auditivas, que, al asimilarse al movimiento funden los límites de los sentidos, ya sea por la emergencia de ritmos distintos, de movimientos que estremecen y desestabiliza, y, que pueden ser el alumbramiento del sentir y por eso mismo, del entendimiento”[pag.85]. La vía del pensamiento figural se vuelve una vía para desterritorializar los límites de las formas de pensamiento que conforman los cuerpos, su realidad física y material, y poder transformar la realidad viva de lo sano y lo enfermo. Así, la vía del dolor, del placer en su sentido figural son un modo de liberar las figuras del sufrimiento, la victimización, la autocompasión, el ansia, la expectativa, de su historia, de su monotonía, de su repetición, de su subordinación a la forma del síntoma que sólo señala una posible enfermedad, pues, estas herramientas nos pueden ayudar a tender puentes hacia un campo distinto al de los hitos del ser enfermo o sano, como una vía de experimentación y de afectación. Umbral de superficie dinamizante, disruptivo movimiento de un gozo vivo no menos violento o aterrador. 

 

Tomamos estos conceptos con el fin de expresar un uso distinto al del cine y la pintura, un uso que tiene que ver con el cuidado de sí. En ese sentido el pensamiento figural puede ser una herramienta para desplegar la singularidad del pensamiento sensible.  De explorar el efecto que puede producirse al no dejarse atrapar por significación alguna, no con la finalidad de reprimir o de negar el régimen significante, más como vía para afirmar el movimiento más allá de su ilusión, la posibilidad de hacer huir lo profundo, devenir superficie corporizante. Ser permeados por fuerzas distintas que transformen el sentido y la materialidad de nuestros cuerpos cuando ese espacio nos parece solo dado, conocido, agotado. Abrir la exterioridad viva por un ritmo, un gozo maquinal, una intensidad viva. 

 

 

Citas: Variaciones de lo Figural El Pensamiento Plástico de Jean Epstein, Stephen Dwoskin y Philippe Grandrieux,  Cloe Masotta Litmaer  









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