sábado, 19 de octubre de 2019

Efectos del Cine "Lo Figural" (Reseña y breve reflexión en torno al cuerpo y lo figural)


            
   “Todo está hecho de espera.  

Fuentes de vida brotan en rincones que se creían estériles

 y explorados. 

La epidermis despliega una ternura luminosa.”[Pag. 86] 

 




En el texto Variaciones de lo Figural El Pensamiento Plástico de Jean Epstein, Stephen Dwoskin y Philippe Grandrieux,  Cloe Masotta Litmaer nos explica cómo “lo figural es un concepto acuñado por Lyotard que ha sido desarrollado, por un lado, como forma de una determinada realización artística como en el caso de las pinturas de Fransis Bacon, y por el otro como herramienta crítica, así, el caso de Lyotard y Deleuze.  En todo caso, lo figural es un concepto que muestra un pensamiento atravesado por el movimiento, un pensamiento que intenta hacer, de la figura una vía por la que el mundo escape, haciendo brotar lo invisible” [1]. Así, nos recuerda La autora del texto: "lo figural muestra el movimiento de disolución, pero también, de alumbramiento de una figura, manifestado en la figura misma. Por ello lo figural pertenece al orden de lo visible siempre desgarrado por lo invisible: la sensación". 

El texto nos invita a pensar, cómo a través del cine se produjeron formas de visibilidad que antes no eran posibles con el teatro, o la literatura; específicamente con el despliegue del juego de cámara y secuencias de montaje capaz de desplegar sentidos múltiples del espacio y del tiempo. 

Deleuze, entre otros pensadores nos explican cómo una de estas formas surgió cuando el cine se apartó del formato teatral y empezó a desplegar un juego muy creativo de imágenes que ya no eran figurativas, sino figurales. "Estas imágenes abren una realidad distinta al espectador, se trata de una posición subjetiva en las que nos coloca, el juego de cámara y del montaje".  



 "El cine encontró la forma de hacer uso de tiempos y espacios ilimitados, irreductibles al registro narrativo. Antes, más bien todo giraba en torno a lo historiable, y en ese sentido en torno a “La Consciencia”. Con el cine se libera el ser de lo sensible; se libera, el sonido de la imagen".  

¿Qué estrategias se ponen en juego cuando una imagen nos sacude, nos cimbra, nos conmueve? ¿Qué técnicas permiten la creación de nuevos efectos? "Así, el uso de lo figural de la imagen hizo posible un registro nuevo de signos, un despliegue de las posibilidades de lo no discursivo. Un lenguaje intensivo, poético que atraviesa nuestro cuerpo espectador". Se hizo posible un modo de enfocar la realidad y de tratar con ella, una apertura que tiene que ver con umbrales de afectación que atraviesan y corporizan a los cuerpos espectadores.  



Podemos pensar lo anterior contrastando distintos modos de ser de nuestra imaginación.  Podemos enfocar los efectos producidos, y, dar cuenta: qué pasa con nuestro espacio y nuestro tiempo cuando dejamos de hacer uso y de sentir nuestra imaginación pasión.   

Así, hay días en los que podemos sentirnos atrapados, el futuro parece estrecharse, el día abrir dentro de una transparencia inmóvil que se cierra sobre sí misma, limitando la producción de perspectivas múltiples. Como si el movimiento se redujera a ser ilusión. Es esa ilusión de movimiento, devoradora del tiempo propio lo que también satura la sensibilidad si ésta no es capaz de abrir, de encontrar, de producir su multiplicidad.


 El vacío, que es ausencia de resistencias y por ello permite que el tiempo pase, cuando es obturado, el pasado parece imponerse, agotar las posibilidades bajo la sombra de una repetición atrapada en círculos. 

Lo anterior es también efecto del lugar que ocupa nuestras historias en días así construidos; historias coextensivas  a la ausencia de interioridad, de pasión, que hace que uno se precipite como siguiendo un guion teatral. Sin tiempo propio que construir, no se requiere ser actor, personaje, persona, basta con precipitarse por un acto de subsistencia. 


¿Cómo recuperar el tiempo propio? ¿Cómo escapar de la ilusión del movimiento? Abrir el propio vacío, es decir seguir los trazos de las propias resistencias y soltarlas para que entre lo discursivo y lo no discursivo, se revelen esas distancias que nada tienen que ver con la carencia, que abren a la heterogeneidad de los ritmos, ritmos permeables, ritmos en guerra, ritmos que confluyen, se condensan, se contraen, se mezclan y se liberan. Abrir una mirada interior, intensiva, capaz de volver fluido y dulce el propio cuerpo, hacer uso del propio tiempo, así, como se construye una escena cinematográfica, o se produce una escena literaria. Construir, imaginar, "capturar" los ritmos intensivos, volver a abrir la duración del tiempo, capaz de dar a luz los flujos vivos de un saber silencioso, que despierten al ser de lo sensible, corporizando sus signos figurales, es decir su movimiento. Pues, en ausencia de movimiento, los sentidos aparecen como acto figurado, sólo figurado. En ausencia de movimiento vivo, el deseo es cooptado por la ansiedad o el exceso de control. Despertar las intensidades, las pasiones y emociones que son efecto “no sólo de estar rodeado, sino además inundado, inmerso” en un paisaje vivo.  





Nota: “Lo figural es concebido como una forma de pensamiento que emerge de un borde, borde que distingue una diferencia constitutiva entre lo visible y lo sensible, pero también entre lo narrativo y lo visible, entre la forma y la figura”[pag. 83]; lo figural es una herramienta que nos permite atravesar umbrales que ponen en variación continua a la sensibilidad y a la imaginación; hasta el umbral en el que, corporizantes se vuelven indiscernibles. Ese umbral, se vuelve visible, también, en la medida en la que mueve lo más profundo del cuerpo y del pensamiento al alcanzar el umbral de lo orgánico.  

El pensamiento figural, la meditación, el ensueño y el acecho del que nos habla Don Juan Matus a través de los relatos de Carlos Castaneda pueden ser una herramienta para desplegar la diferencia del ser de lo sensible como una multiplicidad de fuerzas, emanación, brote invisible en su proceso de devenir figura o movimiento corporizante y de sentido. Lo figural acontece entre el ser de lo sensible y la imaginación, que señala umbrales capaces de dinamizar al cuerpo, al pensamiento o mejor dicho al pensamiento del cuerpo, pensamiento como acontecimiento corporizante. 


“Lo figural nos abre al límite de lo figurativo, al límite de lo que puede ser capturado discursivamente; figuras visuales, táctiles, auditivas, que, al asimilarse al movimiento funden los límites de los sentidos, ya sea por la emergencia de ritmos distintos, de movimientos que estremecen y desestabiliza, y, que pueden ser el alumbramiento del sentir y por eso mismo, del entendimiento”[pag.85]. La vía del pensamiento figural se vuelve una vía para desterritorializar los límites de las formas de pensamiento que conforman los cuerpos, su realidad física y material, y poder transformar la realidad viva de lo sano y lo enfermo. Así, la vía del dolor, del placer en su sentido figural son un modo de liberar las figuras del sufrimiento, la victimización, la autocompasión, el ansia, la expectativa, de su historia, de su monotonía, de su repetición, de su subordinación a la forma del síntoma que sólo señala una posible enfermedad, pues, estas herramientas nos pueden ayudar a tender puentes hacia un campo distinto al de los hitos del ser enfermo o sano, como una vía de experimentación y de afectación. Umbral de superficie dinamizante, disruptivo movimiento de un gozo vivo no menos violento o aterrador. 

 

Tomamos estos conceptos con el fin de expresar un uso distinto al del cine y la pintura, un uso que tiene que ver con el cuidado de sí. En ese sentido el pensamiento figural puede ser una herramienta para desplegar la singularidad del pensamiento sensible.  De explorar el efecto que puede producirse al no dejarse atrapar por significación alguna, no con la finalidad de reprimir o de negar el régimen significante, más como vía para afirmar el movimiento más allá de su ilusión, la posibilidad de hacer huir lo profundo, devenir superficie corporizante. Ser permeados por fuerzas distintas que transformen el sentido y la materialidad de nuestros cuerpos cuando ese espacio nos parece solo dado, conocido, agotado. Abrir la exterioridad viva por un ritmo, un gozo maquinal, una intensidad viva. 

 

 

Citas: Variaciones de lo Figural El Pensamiento Plástico de Jean Epstein, Stephen Dwoskin y Philippe Grandrieux,  Cloe Masotta Litmaer  









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sábado, 12 de octubre de 2019

"Joker": Síntoma de un Cuerpo Social.



Esta película me ha llevado a pensar en la fuerza, la voluntad y el poder.
Arthur, el enfermo, asumía la forma de un ser patético, enfermedad resultado del conflicto entre las memorias de su cuerpo, inaccesibles para su consciencia y el deseo de Penny Fleck de que Arthur no existiera, más que como Happy. Sus síntomas eran sus emociones desencajadas, como su risa incontrolable; risa ambigua llena de dolor, tristeza y frustración. Risa que funcionaba como soporte de los delirios maternos que encarnaba Happy en Arthur. Happy era el pliegue que moldeaba un imaginario delirante y desencajado. Que moldeaba un ser incapaz de verse a sí mismo, de recordar los abusos y maltratos; risa, por la que se repiten interminables.
Pero esta película va todavía más lejos. Mientras Arthur se asume como Happy, cree que es y que tiene que ser bueno; aspira al reconocimiento de hombres de poder que operan como fabricantes de trampas, a su vez, hechos a imagen del éxito que funciona a costa de negar su propia perversidad. Negación implicada en pervertir los flujos sociales. Pervertir es abrir camino a flujos distintos, en este caso: flujos de contradicción, de oposición, de injusticia, de choque, de desesperación. Pese a su rareza Arthur es más cercano al común de personas de su tiempo, un ser débil lleno de frustraciones, ligado a la situación política y económica de su tiempo.
Cuando los fabricantes de etiqueta llenan los teatros del mismo modo en que los medianamente acomodados se conforman con indolencia al espectáculo presente: ciegos e indiferentes de una masa amorfa y latente de la cual se nutren, formaran parte de la trama que desdibuja los cuerpos de seres carentes de futuro. Así, cuando Arthur reacciona y se defiende, cuando asesina y se vuelve visible, Arthur encarna el despertar de un síntoma mucho más profundo, un síntoma social, un síntoma propio de la enfermedad de sus tiempos. Y un síntoma no es sin más asimilable a la enfermedad, es un intento del cuerpo y del cuerpo social de hacer visible un conflicto, de cambiar las cosas, de moverlas, de sacudirlas.
Las fuerzas reactivas emergen y serán desatadas con violencia en dos sentidos complementarios, primero cuando, Arthur, descubre las mentiras a la que se había sujetado. Hacen estallar las memorias engarzadas en él y a las que él mismo se aferraba soñando, alucinando. Se imponen los gritos de su cuerpo, los rechazos, el odio. La afirmación del mal le permite desligarse de todo lo que no es, de todo lo que lo debilitaba pero lo volvía medianamente aceptable para una mirada ajena e indolente. Es la afirmación de la voluntad en el mal, y son estos sentimientos los que ahora le dan consistencia y cohesión a su ser: la venganza, el odio, la justicia. Más la otra fuente de fuerzas reactivas, la que le hace posible encarnar a Joker es la fuerza del despertar y el desquicio de esa otra violencia: la de los inexistentes de su tiempo que hacen posible a Joker volverse más que un símbolo, una máquina de guerra.
Happy muere al par que Penny F. dando vida a Arthur, Arthur: un ser múltiple es apenas visible entre su estado enfermo Happy y Joker. A Arthur le da cohesión un deseo de justicia dónde él se cree victima de las circunstancias, pero, antes de visibilizar así su existencia, él emerge de una reacción enfurecida por salvar su vida, instante donde aflora la afirmación de sí, instante que torna la fuerza a favor de su vida; fuerza que le permite ver la perversidad intrínseca del bien que lo había negado hasta entonces, y que representan personajes como Franklin, Bruce Wayne, Randall y Penny F. Hay instantes en que Arthur tendría la posibilidad de encarnar esa fuerza múltiple y más maleable de sentido de justicia, así: cuando decide no matar a Gary, o cuando planea enfrentar a Franklin y suicidarse. Es la negación de la propia perversidad al interior del bien supuesto en personajes como Franklin; es la negación del dolor del ser de Arthur por personajes como Penny y Bruce lo que hace posible la disyunción Arthur o Joker. Sin embargo, Athur no puede distanciarse de la victimes, abrir las perspectivas o las estrategias de justicia al sólo victimizarse. La moneda está en el aire: el dolor, el dolor múltiple y moldeable de Arthur se fijara en la forma del resentimiento, ahora su risa es la afirmación de la venganza, de la ironía de la locura y el sinsentido; el cuerpo social furioso formara la matriz de fuerzas excesivas que fijaran la mirada del mal en Joker.
Una buena película es capaz de manipular con maestría las perspectivas y las posibles miradas, es capaz de llevarnos a sentir y pensar de formas y de modos distintos de los habituales. El mal, el bien y la justicia como flujos y no como figuras que se cierran sobre sí mismas. Flujos manifestando formas y conexiones múltiples. Joker es un ser maldito, sin arrepentimiento.